Me levanté apresuradamente de la cama, con los pies descalzos tocando el suelo frío. La necesidad de actuar, de enfrentar esa revelación, pulsaba en mis venas. Abrí la puerta de mi habitación y me encontré con la imponente figura de Hunter en el pasillo, como si él también hubiera sentido la misma urgencia que yo.
"¿Qué estás haciendo aquí?" pregunté, mi voz cargada de agitación.