Capítulo 24. El Precio de la Traición.
El trayecto hacia el trabajo le resultó eterno a Amelia, cada latido de su corazón era un recordatorio de la delgada línea que estaba a punto de cruzar. La mezcla de miedo y esperanza le revolvía el estómago, pero era el pensamiento de Anaís lo que la mantenía firme.
Su niña era lo único que importaba. Cuando llegó a la imponente sede de la empresa, se detuvo en la entrada, su mano tembló ligeramente al tocar la fría puerta de vidrio.
Respiró hondo, como si tratara de inhalar la valentía que