Capítulo 22. Revelación inesperada.
Amelia sintió cómo los guardaespaldas la sujetaban con fuerza, arrastrándola hacia la salida. Su corazón latía desbocado mientras luchaba por liberarse, pero era inútil contra la fuerza de aquellos hombres. Sintió sus manos lastimando su carne.
—¡Suéltenme! Me están haciendo daño —gritó, su voz quebrándose por la desesperación—. ¡No pueden hacer esto!
Pero sus gritos cayeron en oídos sordos. Los pocos empleados presentes observaron la escena con una mezcla de curiosidad y lástima, pero nadie s