—Cariño, ¿qué pasa? ¿Por qué estás tan arreglada? —La voz de Audrey resonó en la habitación mientras entraba y veía a su hija, Tiffany, mirándose en el espejo.
Tiffany miró a su madre y sonrió: —Una fiesta.
—¿Una fiesta?
—Sí, mamá, me llevo bien con los amigos de Brent, así que me han invitado a una fiesta —dijo sonriendo, retocándose el maquillaje.
—Qué bonito. ¿No vas demasiado arreglada para una fiesta o es que…? —Audrey la miró con recelo, con una sonrisa burlona en los labios.
Tiffany, que