De hecho, estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para salvar a Marcos. Había salido de allí. No podía dejarla así, simplemente planeando una venganza, pero nunca poder verla concluida. El destino no podía arrebatárselo de esa manera. Marcos sabía tantas cosas, y Erika sabía que él era el único que podía entender su dolor, su pena, sus lágrimas y su odio.
—¿Qué le pasó?— Preguntó el anciano.
—Un hombre lo apuñaló.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Y ustedes dos cómo salen del hospital? Era imposible.
Erika miró