Había pasado más de un año y la vida de Antonio no había cambiado en absoluto. Era el mismo hombre incapaz que nunca había actuado sin el permiso de su madre porque si actuaba por su cuenta sentía que ya estaba fallando, como se sentía el día que no tuvo las agallas para defender a la mujer que dijo que amaba innumerables veces. Quizás, a partir de ese momento se convirtió en un hombre miserable, alguien que nunca estuvo listo para ser padre y sobre todo, declaró que si tan solo ese bebé hubier