Sin embargo, a medida que iba mostrando su fuerza, todos comenzaron a cambiar de opinión sobre él. Pero ese cambio de perspectiva no duró mucho, porque él mismo se encargó de destruirlo. En ese momento, todos estaban algo confundidos, sin saber exactamente cómo juzgar a ese joven.
Fue entonces cuando una voz clara interrumpió el caos:
—¡Hermano! ¡Acéptalo!
La persona que hablaba era Dominic, quien seguía sentado con aparente tranquilidad en las gradas, con los ojos fijos en Fane.
Reinaldo frunc