Había tantas personas que harían lo imposible por entrar en el palacio del Ámbar que la competencia era feroz. No se podía ni imaginar cuántos habían muerto en el intento. Muchos no creían en el destino, convencidos de que eran los elegidos por los dioses.
Al fin y al cabo, habían superado innumerables pruebas y seguían con vida. Con esa fe, se lanzaban desesperados a abrir la puerta del palacio del Ámbar, buscando esa oportunidad de cambiar su destino. Pero, ¿cómo iba a ser tan fácil conseguir