Justo cuando fue lanzado por la onda expansiva, en ese momento Canuto empezó a dudar si podría sobrevivir. Fue entonces cuando escuchó una voz ronca a su lado:
—¡Canuto, ¿estás bien?! —le preguntó Quintiliano mientras se esforzaba por levantarse del suelo, mirándolo con los ojos muy abiertos.
Canuto exhaló profundamente, concentrando su energía interna para controlar el dolor. Utilizó su percepción para revisar su cuerpo y se alivió al comprobar que solo tenía heridas leves. Con unos días de des