Fane se puso rígido en la comisura de los labios:
—¡Rápido y decisivo! ¡Mátenlos!
En este momento no podían permitirse ninguna vacilación. Era evidente para todos que estaban rodeados por las bestias. Si perdían tiempo, más bestias vendrían en enjambre.
Para prevenir esta situación, tenían que actuar con rapidez. Fane formó sellos con ambas manos y cien espadas espirituales se condensaron instantáneamente en el aire. Con tantos enemigos, un ataque de rango amplio sería más efectivo.
Antes de