Al decir esto, los labios de Tiziano temblaban ligeramente, lo que mostraba cuán impactado estaba. Fane lo afirmó sin añadir más. En un instante, todos empezaron a hablar al mismo tiempo. La información proporcionada por Fane contrastaba radicalmente con lo que ellos sabían.
Estas revelaciones desafiaban su comprensión y su visión del mundo, incluso socavaban su confianza. Sus rostros se tornaron pálidos y abatidos.
Un guerrero con un bigote exclamó:
—¡Dios mío! ¿A dónde hemos llegado? ¡Cuatro