Las palabras resonaron en el corazón de todos, pero el mundo no funciona con «si». La realidad estaba justo frente a ellos. La expresión de Benedicto era muy sombría, con los ojos enrojecidos sin saber cuándo, apretando sus manos con fuerza. Al mirar los cuerpos en el suelo, su respiración se volvió más acelerada.
Volvió la cabeza y miró a Fane. Sabía que había cosas que no se debían decir, pero no pudo evitarlo porque estaba demasiado enfurecido. Bajó la voz y le dijo a Fane: —Estos guerreros d