Esa declaración encendió una vez más la furia en el corazón de Renzo. ¿Quién se creía que era? Parecía que lo veía a él como un desperdicio que podía ser desechado fácilmente. Una ola de ira lo inundó.
—¡Deja de fingir! Si quieres lidiar con Fane, primero debes pasar por mí.
Ambos se miraron con determinación. Los dos estaban llenos de confianza en sí mismos. Sin más palabras, Adrián activó todas las propiedades que podía controlar, transfiriéndolas todas a la piedra celestial de Prajna. Renzo