Xena nunca pensó que Fane notaría esta pequeña acción descuidada.
La conmoción le recorrió la espalda. Ella consiguió esbozar una sonrisa rígida. “Es solo una llamada no deseada. No es nada. Esos agentes inmobiliarios son realmente muy fastidiosos. ¡No paran de llamarme para preguntarme si voy a comprar una casa!”.
“¿De verdad? ¡Préstame tu celular y los llamaré para regañarlos!”.
Fane mostró una sonrisa helada y le tendió la mano.
La expresión de Xena se volvió aún más amarga cuando esc