Después de todo esto, Fane parecía de repente perder su entusiasmo. Volvió la cabeza y dejó de conversar con Benito. Al principio, Benito pudo mantener la calma, pero al ver la tranquilidad de Fane, empezó a perder la suya.
Frunciendo el ceño, Benito preguntó:
—¿Estás realmente siendo ingenuo? ¿O tienes problemas en los ojos?
Esta pregunta, al ser formulada, congeló al instante el ambiente que acababa de caldearse. Fane levantó ligeramente las cejas sin decir una palabra. Una vez que los objeti