Benedicto se volvía cada vez más temeroso, mientras Fane arqueaba una ceja y comprendía de inmediato lo que estaba pasando por la mente de Benedicto. Sonrió levemente y le dio un golpecito en el brazo a Benedicto, diciendo:
—Aunque habrá muertes, no tantas como crees.
Después de pronunciar estas palabras, Fane no ofreció más explicaciones y llevó a Benedicto a un lugar con poca gente, comenzando a meditar y recuperarse.
Benedicto se sentó junto a Fane, mirándolo con cierta sorpresa. Al principi