Benedicto pronunció estas palabras con determinación, entrecerrando los ojos y mirando con resentimiento a los discípulos de la secta Sin Espacio. Viendo a Benedicto así, Fane se sintió aún más perplejo.
No sabía de dónde sacaba este chico tanta audacia para enfrentarse sin cesar a los discípulos de la secta Sin Espacio. Con un gesto de resignación, Fane levantó una mano y dio una palmada en el hombro de Benedicto.
—No es fácil ser el líder en esta situación. Tú tampoco puedes adivinar lo que ha