Todos ellos eran muy conscientes de que ahora se enfrentaban a un oponente al que simplemente no podían vencer. Además, con un lastre adicional, parecía que las esperanzas del Valle Umbra de ganar se volvía cada vez más tenues.
El decano Domínguez inhaló profundamente, con una expresión en su rostro como si hubiera perdido a su padre. Baldomero frunció el ceño con fuerza, su estado de ánimo también se hundió en el abismo.
Aunque solo había pasado una hora, los resultados ya estaban claros. De lo