Esas palabras fueron pronunciadas con claridad y contundencia, lo que dejó a Carlomagno, parado frente a él, completamente atónito. Sus ojos parecían a punto de salir de sus órbitas.
Después de un largo momento, finalmente respondió:
—¿Estás loco?
Fane resopló suavemente y respondió:
—No ataco a menos que me ataquen. Hoy, tu destino es el resultado de tus propias acciones.
Las palabras de Fane hicieron que Carlomagno soltara una risa. Mientras reía, sacó su propia arma y continuó:
—Realmente