En ese momento, no había tiempo para palabras innecesarias. Fane sacó una espada de color gris oscuro de la nave espiritual de semillas de mostaza y se lanzó hacia Leví con un impulso en la punta de los pies.
Santiago torció el cuerpo y, a pesar de sus heridas, se enfrentó a su hermano menor séptimo.
Cuando Leví vio que la persona que se acercaba era Fane, frunció el ceño. Aún no podía discernir el nivel de cultivo de Fane, pero vio claramente que la división del trabajo entre los dos era clara: