Cuando vieron el rostro del hombre de la túnica azul, las cejas de Fane y los demás se fruncieron, sin mostrar muchas expresiones distintivas. Sin embargo, Santiago parecía estar nervioso como un gato con la cola pisada.
En un instante, sacó su espada larga del anillo de almacenamiento y la agarró en su mano. Su rostro pasó de la tranquilidad anterior a la ira. Los tres que estaban a su lado podían sentir claramente su cambio drástico.
Al ver esta transformación, era evidente para ellos que el