Llorar no serviría de nada, debían encontrar una salida para sí mismos. Después de pensar en esto, una idea pasó repentinamente por su mente.
Se volvió de repente y dijo:
—¡En realidad, tenemos una salida!
Esta frase dejó a Fane y a Benedicto sorprendidos al mismo tiempo. Ambos se volvieron hacia Ciro, quien señalaba la compuerta de la nave espiritual y dijo:
—¡La puerta de la cabina no está rota! ¡En realidad, todavía se puede usar!
Al pronunciar esas dos frases, su voz sonaba excepcionalment