Esta vez, tanto Quilliam como Tiburcio quedaron atónitos, con una expresión llena de dudas y desconcierto en sus ojos. Fane frunció el ceño y los miró, con una expresión de perplejidad en su rostro.
No entendía por qué reaccionaron tan exageradamente. A medida que los dos subían a la cubierta, el murmullo a su alrededor se hacía cada vez más fuerte. Aunque estaban a cierta distancia, Fane podía escuchar claramente las conversaciones de las personas delante de ellos.
—¿No se convirtió Ciro en un