El calvo se hizo a un lado, solo entonces volteó la cabeza y miró lo que había detrás de él; sus ojos se llenaron de pánico y conmoción. Si no hubiera sentido el peligro detrás de él y se hubiera movido medio minuto más lento, su cuerpo habría sido cortado por la mitad y seguramente habría muerto.
La sangre fluyó de su hombro, y solo después de un breve momento, la cara del hombre calvo se puso pálida.
Al instante sacó una píldora hemostática curativa y se la tragó. La hemorragia disminuyó.