Xavier esbozó una sonrisa amarga. Él era consciente del alcance de su talento, por lo que consideraba que no tenía muchas esperanzas en esta vida suya. Además, aunque Fane fuera alquimista, Xavier no podía soportar desperdiciar las píldoras que le habían dado.
“Toda persona debe tener metas. Si no, ¿qué diferencia habría entre nosotros y los peces salados? ¿No lo creen?”.
Fane miró a la multitud, y habló mientras se reía.
“Sí. ¡Jaja!”.
Todos se rieron. Todos sus futuros estaban llenos de es