Haiden no tardó en sentir que algo no estaba bien. Pequeñas grietas comenzaron a aparecer en su velo, y éste pronto iba a desaparecer.
“No puede ser. ¡Es imposible que no pueda vencer a un mocoso del reino de los mortales!”.
Haiden gritó. Y al mismo tiempo, las grietas del escudo que rodeaba su cuerpo se hacían cada vez más grandes, hasta que se hicieron añicos.
¡Bam!
Se escuchó un ruido aterrador. Al segundo siguiente, Haiden había sido arrojado hacia atrás como si fuera una cometa sin cuer