Así, continuaron su viaje hacia adelante en su corcel, con Daniella ansiosa ante la idea de cenar a solas con Fane.
Además, ella descubrió que estar junto a Fane le daba una sensación de seguridad. Aunque era seis o siete años mayor que ella, el maduro Fane la fascinaba aún más al pasar los días con él.
Él estaba muy lejos de los otros Jóvenes Amos que le regalaban rosas, chocolates, colgantes de jade y hierbas espirituosas. A ella le aburrían hasta la saciedad.
Finalmente, el dúo llegó a la