Inhala. Exhala.
Me repito una y otra vez, tratando de calmarme. Mi cuerpo se siente pegajoso por el sudor y mis extremidades agarrotadas me imposibilitan cualquier movimiento. En mi pecho, mi corazón late a mil por hora y mis ojos viajan, tratando de aclararse y ver algo más allá de las lágrimas que empañan mi vista, pero la oscuridad me rodea.
No sé cuánto tiempo pasa antes de poder calmarme; solo sé que cuando me siento sobre la cama, el cielo a través de la ventana ya no está oscuro, sino que