Los jóvenes se encontraban tumbados en la hierba mientras las chicas recolectaban flores cerca de ellos. Enril les explicaba cómo podrían hacer para que sus parejas se sintieran felices.
—Tienen que pedirles que sean sus novias—, les dijo Enril.
—Pensé que no era necesario, ellas ya saben que somos sus mitades—, respondió Oto. —¿De verdad tenemos que pasar por todo esto otra vez?
—Ja, ja, ja, —Enril se rió divertido. —Oto, me temo que sí. Aunque ellas sepan que son nuestras mitades, esperan que