Gerald me ayudó a llevar las maletas a la habitación y por nada del mundo acepté la oferta de volver a poner mi ropa en su armario. Nunca volvería a caer en eso y luego saldría con algún invento desagradable.
—¡No, no y no, definitivamente no! —Grité por esas escaleras en busca de un poco de agua.
Las conversaciones con Gerald siempre habían sido complicadas, pero desde un principio el tema de dejar mi ropa en su guardarropa fue un asunto más complicado.
—¡Oh vamos! Por favor Mili.
—¡No! De