De repente Maximo me cogió de las manos levantándome del sofá, echándome a su hombros como si yo fuera y se tratara de un saco de patatas, después de subir las escaleras, entramos en mi dormitorio tirandome encima de la cama sin ningún cuidado, apoyando Maximo una de sus rodillas en la cama, haciendo que yo me alejara de él gateando por la cama
— Aléjate de mí, no te acerques Maximo, te lo advierto — le dijo viendo una sonrisa ladina en sus labios mirándonos los dos a los ojos.
Maximo me atra