Dos días estuvo mi esposo sin dejar que yo saliera de nuestro dormitorio, forzandome, cuando le venía en la gana, follandome entre cuatro y cinco veces por día. Al tercer dia, me encontraba en la cama sin fuerzas para poder moverme cuando vi como la puerta del dormitorio se abrió de pronto, viendo entrar a mi suegra Bianca, con el semblante de su cara muy serio y sus ojos rojos, suponiendo que había llorado por mí.
— Arianna cariño, mi hijo ya se ha marchado con su padre, levántate que te voy a