82 - Perdió los estribos.
El sonido de las hojas de los árboles, fruto del viento fresco de un invierno que se aproximaba, era lo único que se escuchaba en el jardín de la mansión de Leandro. Se encontraba sentado en uno de los bancos del lugar, esperando a que ella aparezca, pero se estaba tardando demasiado.
Podía atraparla sin ningún inconveniente una vez atraviese la entrada, pero sabía que esa mujer era peligrosa y tendría un plan bajo las mangas en caso de que eso llegase a pasar. No podía arriesgarse.
Finalmente,