El tiempo avanzaba sin pausa, llevando consigo los cambios inevitables que traía consigo. Jazmín, con su vientre abultado, ya llevaba varios meses de embarazo, y cada día que pasaba parecía que su barriga crecía un poco más. Leandro, su esposo, se había vuelto increíblemente sobreprotector con ella, mimándola y cuidándola como si fuera la cosa más preciada en el mundo. Y en cierto sentido, lo era.
Aquella tarde, Jazmín se encontraba frente a su armario, observando con frustración los vestidos q