Lorenzo sentía cómo la adrenalina corría por su cuerpo mientras se escondía en las sombras, observando la casa donde su obsesión, Guisselle, se encontraba. Su respiración era rápida, y la rabia en su interior se intensificaba con cada segundo que pasaba. Las palabras de su mano derecha resonaban en su mente, pidiéndole que mantuviera la calma, que no hiciera nada impulsivo. Pero Lorenzo no podía controlar el fuego que ardía en su interior. La idea de ver a Guisselle con Fabio, de ver cómo él la