Sin embargo, Ana logró liberarse huyendo escaleras abajo y sintiendo los pasos de los guardias detrás de ella. Nunca antes había corrido tanto, pero mantenerse en forma ahora resultaba provechoso.
Cuando puso en pie fuera del hospital, varios hombres más venían por ella, pero de repente, un coche de color blanco, se estacionó frente a ella y le abrió la puerta.
— Entra — ordenó, y la madre de Roberto, sin saber siquiera quien era, aprovechó la oportunidad.
La mujer dentro del coche, comenzó a j