PUNTO DE VISTA DE MADELEINE
La realidad superó con creces mis fantasías. No podía parar de gemir.
Sus dedos me volvían loca. Sentía cómo aumentaba el calor con cada embestida. Su pulgar rodeaba mi clítoris, haciéndome gemir y llevándome al límite.
—¡Sí! ¡Sí, papi!
Aumentó el ritmo, cada vez más rápido, introducía sus dedos en mí. Cada embestida era más excitante que la anterior. Movía las caderas al ritmo de sus dedos. Me corrí con un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo; fue intenso. ¡Dios!