El alfa recostó su cadera en el borde de la meseta masticando el sándwich preparado por su pareja. Estaba delicioso pero su boca tenía ganas de probar otra cosa, como el hermoso y jugoso trasero que caminaba de un lado a otro recogiendo cosas, acomodando cojines que ya estaban en su lugar. Eso sí, se había dado cuenta que Casandra caminaba un poco extraño, no con la naturalidad y soltura de siempre, y tenía un olor dulce artificial encima que no era colonia.
Tal vez...
El ceño de Gavel se frunc