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El alfa recostó su cadera en el borde de la meseta masticando el sándwich preparado por su pareja. Estaba delicioso pero su boca tenía ganas de probar otra cosa, como el hermoso y jugoso trasero que caminaba de un lado a otro recogiendo cosas, acomodando cojines que ya estaban en su lugar. Eso sí, se había dado cuenta que Casandra caminaba un poco extraño, no con la naturalidad y soltura de siempre, y tenía un olor dulce artificial encima que no era colonia.

Tal vez...

El ceño de Gavel se frunció tras verla desaparecer por la puerta del baño y demorarse. Tragó el trozo de sándwich que tenía en la boca y agarró el otro. Sabía que si quería ponerle las manos encima a su Cariño debía dejar el plato vacío.

La espera valdría la pena, después de todo, el postre siempre era lo mejor y él se demoraría en saborearlo y disfrutarlo. Tenía toda la noche para ello.

Casandra no salió del cuarto hasta que él estuvo tomando un vaso de agua tras terminar de comer. La mujer se ajustaba las gafas corrie
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