CAPÍTULO 39.Una trágica mentira
Naiara sintió que todo en ella comenzaba a temblar a medida que comprendía en su totalidad lo que significaba aquella columna de humo.
—No, puede ser, no puede ser Rosy... ¿Cómo que un incendio…? ¿Cómo pudo pasar…?
—Pasa exactamente como lo ves, amiga, -murmuró la muchacha—, por eso son todas las sirenas y la gente en la calle. Esta es una situación muy peligrosa.
Naiara la miró arrugando el ceño porque desde luego que sabía que los incendios eran peligrosos, per