CAPÍTULO 160: Un resultado trágico
El grito fue largo, hondo y furioso, sin embargo, no tenía nada que ver con la inyección sino con el hecho de que la paramédico le había clavado aquella jeringa en el brazo izquierdo, justo por debajo de la mordida del animal, y el dolor la habría hecho casi desmayarse de no ser porque los sedantes que venían en la inyección hicieron efecto extremadamente rápido.
—Vamos, ayúdame aquí, por favor —exclamó el paramédico que dirigía, y uno de los oficiales se apre