Nada más terminar, me arregle el vestido fijándome en que David tenía en su mano mi tanga guardándolo después en su bolsillo, lo deje que lo hiciera ya que sabía que estaban rotas y no merecía la pena que me lo devolviera. Tenía tantas ganas de marcharme de aquel despacho que estuve a punto de chocarme con las ventanas de cristal de aquel despacho, me faltaron solo unos milímetros para darme de bruces y hacer el mayor de los ridículos delante de David. Solté el aire que estaba conteniendo en mi