Zara le sonrió, con las mejillas sonrojadas. El embarazo le sentaba de maravilla.
—¿A qué se debe este placer inesperado?
Ni idea. Difícilmente podía decir que necesitaba salir y hablar con alguien que le ayudara a entender qué demonios sentía. —Tenía tiempo libre.
Ella rió, su cabello rubio se balanceaba y sus ojos azules brillaban. —¿Tú con tiempo libre? ¡Imposible!
Él sonrió. Ella estaba ahí.
—Te ves bien —dijo.
—¿Estás cambiando de tema?
—Quizás.
Su sonrisa se amplió y se llevó una mano a l