Capítulo 5
Nos quedamos así por lo que pareció una eternidad, haciéndonos subir mutuamente, con nuestros cuerpos resbaladizos por el sudor y el flujo.
Ella se corrió primero, su coño brotando en mi boca mientras yo succionaba su clítoris implacablemente, sus gritos ahogados contra mi muslo.
“Ocho”, jadeó cuando pudo, con la voz temblorosa. “Gracias, Señora. Oh dios, gracias”.
No cedí, seguí lamiéndola a través de eso hasta que estuvo rogándome que parara.
Me giré de nuevo, quedando de cara