PUNTO DE VISTA DE CHARLOTTE
Mientras estaba sola en el balcón, el fresco aire nocturno apenas lograba apaciguar el fuego que ardía en mi interior. Las luces de la ciudad centelleaban abajo, pero solo podía ver el fantasma de la mirada de Marcus, el eco de su tacto. Respiré hondo, intentando serenarme, pero el recuerdo de sus palabras, de su presencia, era embriagador.
Me giré para irme, con pasos vacilantes, la mente hecha un torbellino de deseo y confusión. Al llegar a la puerta, una mano me a