—Haliya tenía razón —murmuró Massimo—. La llevaron a Banu Ghazan.
—Y ahí iremos nosotros también. Avísale que esté pendiente, nos veremos allá. Ya sabe qué hacer.
Massimo se alejó solo un poco para ocuparse de aquella llamada telefónica y quince minutos después, ni más ni menos, una caravana salía