Mientras, a miles de kilómetros de allí, Mar, Alan y sus nenes por fin estaban en paz. Intranquilos y preocupados, pero en paz, porque el suicidio de Sandor Dragonov había alejado de ellos a todo lo que tuviera que ver con la mafia búlgara.
—¡Yooooo tabién lo quielo! —exclamó Jana corriendo hacia s