UNA SOLA NOCHE. CAPÍTULO 22. Una ceremonia de matrimonio
La carcajada le sonó a Rose como una patada en el estómago, pero no tuvo más remedio que encajarla. Había algunas mantas en el suelo así que ahí mismo se sentó. Respiró profundo intentando secarse las lágrimas, pero la verdad era que apenas tenía con qué llorar. Sus labios estaban resecos y hacía muchas horas que no bebía agua.
Alcanzó la vasija para ir por agua al oasis, pero antes abrió su bolsa a ver si tenía algún labial que la ayudara. No tenía mucho en la bolsa. Un cuaderno, su cartera de