CAPÍTULO 30. Quizás para siempre
Alan tomó su mano y la besó con suavidad.
—No pasa nada, nena, es la adrenalina que todavía no se me va y ando como acelerado —le aseguró y Mar se levantó para abrazarlo.
—Lo sé, lo siento...
—Oye, tú no tienes nada que sentir, tú solo tienes que permitir que yo... que yo te consienta hoy, así que vamos a empezar por lo básico: Un baño caliente, una copa de vino y la mejor comida que podamos pedir.
Mar asintió con cansancio y lo siguió hasta la habitación, lista para meterse bajo la ducha porqu