Elena yacía en la oscuridad de la habitación de invitados del ático, mirando el techo. Mia dormía a su lado, el pequeño pecho subiendo y bajando en un ritmo perfecto. Las luces de la ciudad pintaban franjas tenues en la pared, pero el sueño se negaba a llegar. Cada vez que cerraba los ojos veía lo mismo: Marcus saliendo, la sonrisa afilada de Sarah, los ojos fríos del cobrador de deudas, la foto de ella y Damian besándose tomada desde dentro de estas paredes.
Su teléfono se iluminó en la mesita