"Está libre y viene por nosotros," susurré. "Viene por los embriones y viene por Mia."
La mano de Damian se apretó en mi hombro, la única señal de que me había escuchado. Sus ojos permanecieron fijos en el oficial a cargo, pero sentí el cambio en su cuerpo… la calma repentina y letal que siempre llegaba justo antes de que se volviera peligroso.
El radio del oficial crepitó de nuevo, pero él no lo contestó. En cambio nos miró con una mezcla de simpatía y deber. "Sr. Holt, Srta. Reyes, no podemos